Gestión de emociones en niños: ejercicios y actividades para niños

ejercicios de emociones para niños

La gestión de emociones es una habilidad que se desarrolla a lo largo de la vida y que puede suponer especiales problemas a algunos niños y adolescentes. Aunque a menudo el control emocional también es problemático para los adultos, en el caso de los más jóvenes la inteligencia emocional tiende a ser algo más limitada por falta de experiencia, lo cual aumenta la probabilidad de que se den dificultades relativas al manejo de las emociones.

Aprender a gestionar las emociones no siempre es fácil para los niños, y sus educadores y cuidadores con frecuencia no saben exactamente cómo promover esta aptitud. A continuación encontrarás algunas ideas sobre cómo ayudar a los niños a trabajar la inteligencia emocional y el control de las emociones, incluyendo algunos ejercicios y actividades básicos.

La gestión de emociones en niños

La regulación emocional es la habilidad, o el conjunto de habilidades, que nos permite ser conscientes de nuestras emociones, gestionar la manera en que las expresamos y modular la intensidad de las reacciones físicas asociadas.

No se trata de una aptitud innata, sino que la capacidad de gestionar las emociones se desarrolla de manera progresiva en la infancia, la adolescencia e incluso la edad adulta. De hecho, hay un número importante de adultos que tienen dificultades para gestionar sus propias emociones.

Algunas personas tienen una mayor facilidad que otras para desarrollar las habilidades de gestión de emociones, pero el déficit de esta aptitud no es una característica estable sino que se puede trabajar, especialmente con ayuda de profesionales de la psicología.

La correcta regulación emocional en niños parece estar asociada con un mayor bienestar psicológico, con mejores relaciones con otras personas y con un rendimiento escolar más satisfactorio. Esto se debe a que las emociones desagradables fuera de control suelen tener efectos negativos en la interacción social, en la concentración, en el estado emocional…, mientras que las personas que gestionan mejor sus emociones no sufren en la misma medida estas interferencias.

Aprender a identificar y gestionar las emociones durante la infancia y la adolescencia ayuda a prevenir distintos tipos de problemas a corto plazo y también en la vida adulta. Cuando una persona es capaz de gestionar bien sus emociones es menos probable que sufra estrés o que desarrolle problemas psicológicos como la depresión, la ansiedad o la fobia social.

Ejercicios para aprender a controlar las emociones

El modelado de la gestión emocional por parte de los padres, los profesores y otros cuidadores es probablemente el factor más relevante en la adquisición de habilidades de regulación emocional en niños. Esto significa que, para poder controlar la intensidad y la expresión de sus emociones, los niños deben tener ejemplos que les ayuden a descubrir y practicar cómo hacerlo.

En el ámbito de la gestión de emociones, el rol de los educadores tiene que priorizar entre otros aspectos la información sobre la naturaleza de las emociones y sus manifestaciones físicas y psicológicas, el establecimiento de una comunicación libre en torno a los sentimientos y la enseñanza de habilidades para regular el estado emocional. En cuanto a las últimas, recomendamos el control de la respiración, una actividad relativamente sencilla y que resulta muy útil.

Identificación de emociones

Para promover la inteligencia emocional y la gestión de las emociones en niños es importante proporcionarles conocimientos que puedan orientar su percepción de sus propias reacciones emocionales. Aclarar el significado y el funcionamiento de cada emoción es una parte fundamental de la educación en inteligencia emocional.

Una buena manera de mejorar la inteligencia emocional de los niños es ayudarlos a relacionar las emociones con las sensaciones físicas asociadas a estas. Por ejemplo, los nervios se asocian a reacciones físicas como el aumento de la frecuencia cardiaca y de la respiratoria, la tensión muscular o la inquietud corporal.

Aprender a identificar y etiquetar el propio estado emocional ayuda a los niños a gestionar mejor sus emociones. No sólo les permite entender con más facilidad cómo se están sintiendo, sino que también favorece que puedan comunicarlo a otras personas y obtener apoyo para manejarlo en caso de que lo necesiten.

Comunicación y expresión de sentimientos

A los niños les resulta más sencillo aprender a gestionar sus emociones si crecen en un entorno en el cual sienten que pueden expresar sus sentimientos con libertad. Existen estudios que sugieren que los niños suelen tener mejores habilidades de gestión emocional si sus padres se comportan de manera cálida y reaccionan a sus expresiones emocionales. Para hablar de esto se suele usar el concepto “clima emocional positivo”.

Poder comunicarse libremente también hace que los niños se sientan más relajados en general, ya que favorece que las emociones se elaboren y que las que son desagradables no se enquisten de manera problemática. En cambio, si sienten que castigamos sus expresiones emocionales es más probable que se sientan estresados y que les cueste más gestionar sus sentimientos.

Negar o minimizar la importancia de las emociones que expresa un niño puede ser perjudicial para su desarrollo emocional. Los niños a veces necesitan que validemos sus emociones; si no lo hacemos pueden sentirse confusos y creer que sus reacciones están fuera de lugar o que no merecen ser compartidas con otros.

Control de la respiración

Uno de los ejercicios más eficaces para la gestión de emociones, tanto en niños como en adultos, es el control de la respiración. En situaciones en las que nuestra activación emocional es muy intensa, respirar de forma lenta y profunda es un hábito positivo para la regulación de las emociones.

La frecuencia respiratoria está estrechamente relacionada con el nivel de activación emocional que percibimos; por este motivo, cuando conseguimos controlar la respiración lo más probable es que logremos además regular nuestras emociones en algún grado.

Focalizar la atención en la respiración también sirve para distraerse de otros estímulos, como pueden ser las emociones de frustración o de enfado. Cuando el nivel de activación emocional ha disminuido un poco, la gestión de estas emociones desagradables se vuelve más sencilla.

Bibliografía

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